Economía del Golfo
La nueva partida de la política industrial del Golfo: la lógica profunda de la transformación económica y los desafíos futuros
Este informe analiza en profundidad los cambios en las políticas industriales de los países del Consejo de Cooperación del Golfo, desde la evolución histórica hasta las estrategias futuras, revelando las oportunidades y riesgos de su transformación económica.
En el momento en que las principales economías del mundo vuelven a abrazar la política industrial, los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) se convierten una vez más en un laboratorio único para observar cómo esta herramienta está remodelando las trayectorias de desarrollo económico. A diferencia de muchos países que en la década de 1980 abandonaron la intervención estatal y se volvieron hacia el fundamentalismo de mercado, los países del Golfo nunca dejaron realmente de lado la política industrial. Apoyándose en planes quinquenales de desarrollo y empresas estatales líderes, han transformado los ingresos petroleros en infraestructura, capacidades industriales y bienestar público, en un intento por librarse del enredo de la “maldición de los recursos”.
Hoy, en medio de la reorganización de las cadenas de suministro globales, la aceleración de la transición energética y la fragmentación geoeconómica, las políticas industriales de los países del Golfo están entrando en una nueva fase más ambiciosa y también más compleja. Ya no se conforman con los sectores tradicionales como la petroquímica downstream y la fundición de metales, sino que dirigen su mirada hacia el hidrógeno, la inteligencia artificial, la manufactura avanzada y las ciudades del futuro. Sin embargo, el avance de esta transformación no está exento de costos y riesgos.
Legado histórico: la interacción de largo plazo entre la renta petrolera y la industrialización
El punto de partida de la política industrial del Golfo es la contradicción entre la distribución de la renta de los recursos y la diversificación económica. Ya en 1968, Bahréin tomó la delantera con su primer plan quinquenal de desarrollo y, ese mismo año, estableció Aluminium Bahrain, inaugurando un modelo de cooperación entre el gobierno y el capital extranjero para desarrollar la industria. Dubái, por su parte, comenzó en la década de 1970 con la construcción de zonas portuarias y zonas francas, integrándose gradualmente en la red del comercio mundial. En 1976, Arabia Saudita creó SABIC, desarrollando la industria petroquímica sobre la base de materias primas baratas; Abu Dabi, Kuwait y Qatar también extendieron sus empresas petroleras estatales hacia la cadena downstream. Estas prácticas tempranas presentan rasgos comunes: inversión liderada por el gobierno, prioridad a los sectores intensivos en capital y energía, y empresas estatales como actores ejecutores.
Sin embargo, este modelo también consolidó el carácter “rentista” de la estructura económica. El sector privado tendió a preferir actividades de retorno a corto plazo como el comercio, el sector inmobiliario y las finanzas, mientras que la manufactura orientada a la exportación carecía de impulso endógeno debido a su alto riesgo y elevadas exigencias. El informe señala que la concentración de los ingresos de las empresas petroleras estatales inhibió aún más la disposición de la inversión privada a entrar en el sector industrial, configurando una versión intensificada de la llamada “enfermedad holandesa”. Hacia mediados de la década de 1980, la caída de los precios del petróleo obligó a muchos planes industriales a contraerse, y el proceso de diversificación de los países del Golfo se desaceleró temporalmente.
Nueva estrategia: la combinación del capital estatal y la pista de alta tecnología
En la segunda década del siglo XXI, los países del Golfo han retomado la política industrial, pero esta vez con una caja de herramientas más amplia. Los documentos de visión nacional (como la Visión 2030 de Arabia Saudita y el Plan del Centenario de los EAU) establecen explícitamente la industria, la logística, el turismo y la tecnología digital como prioridades. Los fondos soberanos (como PIF, ADQ y Mubadala) se han convertido en motores de inversión, comprando activos globales a gran escala e introduciendo tecnologías de vanguardia, al tiempo que crean “megaproyectos” en el país como escenarios para la aplicación de la tecnología.El informe subraya que la dotación de energía de bajo costo sigue siendo la base de la participación de los países del Golfo en la competencia por nuevas industrias, pero la verdadera variable reside en cómo la inversión pública se combina con la alta tecnología. El hidrógeno, las energías renovables, los centros de datos y la manufactura avanzada se consideran claves para resolver los problemas de la "era post-petróleo". Por ejemplo, Arabia Saudita y Catar están utilizando sus reservas de gas natural para desarrollar hidrógeno azul, al tiempo que despliegan energía solar fotovoltaica y almacenamiento de energía. Estos campos no solo requieren capital, sino también construcción institucional, capital humano y capacidad de innovación — y esto último es precisamente el eslabón débil de los países del Golfo.
Riesgos inherentes: captura del Estado y politización de las decisiones
La profundización de la política industrial en el Golfo también amplifica sus riesgos inherentes. El informe enumera varias vulnerabilidades clave: primero, el riesgo de captura del Estado, es decir, que las empresas estatales o los grupos de interés puedan secuestrar las políticas nacionales y convertir el apoyo industrial en un instrumento de búsqueda de rentas; segundo, la politización de las decisiones, cuando la inversión industrial se considera un medio para lograr objetivos políticos, la eficiencia económica puede quedar marginada; tercero, la incertidumbre del entorno global, incluidos el proteccionismo comercial y la ambigüedad de las rutas de transición energética, expone las inversiones a largo plazo a shocks externos impredecibles.
Además, la frontera entre los sectores público y privado en los países del Golfo sigue siendo difusa. El gobierno es a la vez regulador y accionista mayoritario, y carece de una distinción clara entre "apoyar a la industria" y "apoyar a empresas específicas". Esto puede dar lugar a subsidios ineficaces y rescates indefinidos, perjudicando la productividad. El informe recomienda que los gobiernos establezcan umbrales de rendimiento como lo haría un inversor de riesgo, y si una empresa continúa registrando pérdidas, deben recortar las pérdidas de manera decisiva en lugar de seguir inyectando recursos.
Recomendaciones de política: de la "participación" a la "gobernanza"
Para hacer frente a estos desafíos, el informe propone una serie de recomendaciones constructivas. En primer lugar, la política industrial debería apoyar a las "industrias" en lugar de a las "empresas", mejorando la competitividad de todo el ecosistema económico mediante la educación, la infraestructura y la mejora del entorno empresarial, en lugar de favorecer directamente a empresas específicas. En segundo lugar, para las empresas estatales o de control estatal, se deben fijar objetivos de rendimiento basados en reglas y establecer mecanismos de salida para evitar el hundimiento de capital. En tercer lugar, es necesario delimitar claramente las fronteras entre los sectores público y privado, orientando la inversión privada mediante alianzas e incentivos políticos en lugar de sustituir al mercado. En cuarto lugar, los países del Golfo deberían fortalecer la cooperación regional, coordinando las inversiones en infraestructura como logística y transporte, evitando la duplicación de construcciones y formando una competencia complementaria.
Estas recomendaciones apuntan a una transformación más fundamental: la política industrial no debe considerarse simplemente una "redistribución de recursos", sino que debe entenderse como una "construcción de capacidades estatales". En una economía global llena de incertidumbre, los países del Golfo necesitan mecanismos de selección más refinados, sistemas de rendición de cuentas más sólidos y una coordinación de estrategias económicas internacionales más prospectiva.
Conclusión: el experimento del Golfo en medio de la transformación
Los países del Golfo están escribiendo una nueva narrativa de desarrollo mediante la política industrial. Intentan demostrar que una economía basada en recursos puede lograr un desarrollo en saltos a través de un diseño institucional consciente. Sin embargo, el peso del éxito ya no depende únicamente del precio del petróleo o del tamaño del capital, sino de cómo el Estado gestiona el poder económico, cómo equilibra los objetivos a corto plazo con la resiliencia a largo plazo, y cómo encuentra su lugar entre la competencia regional y la cooperación global.Este informe de investigación no ofrece respuestas simples, sino que proporciona un marco analítico necesario para comprender la transformación económica del Golfo. En el futuro, el destino de la política industrial en el Golfo no solo afectará la producción industrial, sino también la capacidad de toda la región para moldear su propio papel en un mundo poscarbono y posglobalización.
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Fuente de referencia: Middle East Council on Global Affairs, *Gulf Industrial Policy in a Changing Global Economy*, octubre de 2025. Enlace original
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